Mariano Rajoy
Sí Mariano. Llueve, y no es agua...
Hasta hace bien poco, los
ciudadanos seguían ciegamente las directrices que les marcaban sus políticos
electos, como los obedientes feligreses rendían pleitesía al camino celestial
que trazaba su representante espiritual.
Todo eso ha cambiado.
En mi pais, por primera desde que
tengo uso de razón, los políticos, a veces desorientados y sin saber
exactamente que brújula consultar, van a rebufo del sentir popular que exige
una consulta en forma de referendo para sopesar y medir en que grado Catalunya
quiere optar por un modelo u otro de dependencia, independencia o autogobierno,
algo inaudito pero debo reconocer que ilusionante y excitante.
Desde el gobierno central y desde
el prohibicionismo más casposo, no solo no se acepta ese sentir y ese derecho a
“saber”, si no que últimamente se ha iniciado una campaña feroz de salivazos en
contra de todo lo que no sea el unionismo más conservador, en lo que a mi
entender es un error al no existir el menor atisbo de marketing político en que ampararse, ya que, de existir, las estrategias empleadas para mantener el
statu quo centralista, serían terriblemente más astutas y con toda seguridad más
fructíferas.
El último episodio es el acoso y
derribo sufrido por los ciudadanos valencianos, a los que en pocas semanas se
les ha negado a base de prohibiciones, censuras y sanciones, la posibilidad de
informarse a través de un medio público, y en
su propia lengua: El catalán (o valenciano, que poco importa como denomines, describas
o escribas una lengua que es común).
La más sencilla y fatua revisión
de la historia, les enseñaría a esos prohibicionistas, que jamás la persecución
a una cultura ha acabado con ella. Bien al contrario, muchos son los que viéndose
acosados y perseguidos sacan a relucir la esencia misma de su sentir en defensa
de esos valores inmateriales e inmedibles, que al ser compartidos por muchos se
convierten en invencibles.
¿Que pretende el gobierno del PP
con tal persecución?
¿No se percatan siquiera que a más
salivazos al cielo, mayor será el chaparrón sobre sus incrédulas mandíbulas
censoras?
¿Tan bajo ha llegado el nivel de
nuestros diligentes, que no son capaces de mirar más allá, no llegando a
entender que una acción acarrea siempre una reacción?
¿Tan entelados tienen ya sus
lentes de sus propios gargajos, que no se percatan que no es el cielo el que
està nublado, si no que tal vez sus ojos están ya inhundados de su propia
mucosidad salivar?
¡Estoy por coger las maletas,
instalarme unos días en Madrid, y ofrecerme de guía incluso para sus caducos
postulados!
Y es que la falta del más
elemental atisbo de un plan de marketing político, me ofende personalmente, ni
que sea por el código y el buenhacer deontológico de mi profesión.
¡Dejen ya de escupir al cielo! Que
entre cielo y el pueblo, indefectiblemente, el gargajo siempre topará antes con sus aburridos trajes
almidonados y sus ridículos y exagerados nudos de corbata...
Palabra de galeno


