Fascinación, status, sensualidad, elegancia, confort, sensibilidad, creatividad e ilusión... ¿Es posible atesorar o desprender todo ello por el simple hecho de vestir un conjunto de braguitas y sujetador de 400€?
Pues sí.
Empieza a ser habitual recibir, ya no en el blog, sino via email o Tweeter, sugerencias de ustedes para tratar un tema determinado: En este caso, AG solicita mi opinión sobre la lencería exclusiva dedicada a la mujer.
No hemos hablado aún de mkt de lujo, por lo tanto... Ahí va.
Cuando una mujer se entrega a este tipo de adquisición casi invisible en muchos casos, entra en el mundo de lo emocional, alejándose de todo aspecto racional. La ilusión supera con creces las barreras del raciocinio y autoconfiere a su portadora una imagen de privilegio, una proyección de status social y un sello distintivo que va mucho más allá de cuanto uno pueda suponer.
El marketer ha de ser consciente que entra en el terreno de la psicología a la hora de calibrar qué y como transmitir una marca top en este selecto sector de consumo. Debe analizar muy, pero que muy bien si adaptar “role models” asociadas a esas marcas, y si lo hace, que éstas representen con exactitud los valores que se le esperan y suponen, y debe realizar un auténtico esfuerzo creativo, ya que se sumergirá en la más pura comunicación aspiracional.
Aun pudiendo resultar paradoxal para muchos de ustedes, las consumidoras atribuyen a su ropa íntima tanta o más importancia que a su propio aspecto exterior, sobre todo desde el punto de vista de seguridad personal, y poco les importa lucir una informal blusa Zara o un vestido H&M, si va parapetada y segura bajo el más selecto conjunto de Carine Gilson.
¿La Calidad? Se le supone, y de hecho existe, pero les puedo asegurar que es un aspecto bien poco analizado y prioritario por sus consumidoras a la hora de adquirir semejantes piezas de artesanía sensual.
Las compradoras de ropa íntima de lujo no tienen por qué ser objetivamente mejores amantes, es obvio, ni tan siquiera más ardientes y creativas... Pero igualmente les diré que en el subconsciente de estos colectivos, la seguridad de portarlas, les confieren un plus de inhibición, atrevimiento, creatividad y sensualidad que les resultaría bastante más caro de alcanzar a partir de la consulta de su psiquiatra de cabecera...
¿Y que sucede con las jóvenes que gustan de llevar a Snoopy o Betty Boop agazapado entre sus piernas? Pues que éstas, probablemente, viven más libres y más frescas, y también probablemente, tendrán en la lozanía, la osadía y la risa, su carta de presentación.
Palabra de galeno


