dimarts, 9 de juliol de 2013

VIVIR UN MILAGRO POR MENOS DE 100 EUROS





                                                                                                  Un milagro llamado Mas del Mar
 
Existen los milagros, y les voy a desvelar uno de ellos: Mas del Mar.
Les recuerdo que este espacio de debate y opinión no admite patrocinios ni encargos remunerados, y este post, se lo aseguro a todos ustedes, no es una excepción.
Me he enamorado.
Mas del Mar es una edificación del siglo XVII en pleno parque natural dels Aiguamolls de l’ Empordà, decorada bajo el respeto al resplandor de su entorno, las raíces de un país y el más refinado buen gusto.
Es una de las últimas masías marítimas de Catalunya y, estando en plena Costa Brava, no cuenta ni un solo vecino en un radio de kilómetros.
Se encuentra a tan solo 200 mtrs, por un camino local, de una playa desierta, salvaje, de dunas dalinianas y mareas imposibles.
Es una propiedad bañada por cuatro aguas: El Mediterraneo, el río Fluvià, un estanque natural donde aún acuden cérvidos a hidratarse y hasta una moderna piscina integrada al complejo.
De noche, es un lugar abducido por la oscuridad y la calma, de nula contaminación lumínica, que te permite apreciar, como no lo había vuelto a ver desde la infancia, una a una los millones de estrellas que nos observan desde el cielo, en cualquier noche de estío.
Pero no todo es perfecto, el lugar está embrujado y en alguna ocasión cuentan que te puede cautivar y te llegue a enamorar.
No descartes que aparezca una ilusión de larga cabellera rubia, que te impida caminar por sus caminos hacia el mar, persiguiendo tu boca...
Que de echarte en una de sus hamacas aparezca esa melena meciéndose en tu pecho o que tu propio lecho se vea invadido no solo por su paz, si no por su desbocado deseo...
Así es Mas del Mar.
Un milagro desmedido.
He tenido la oportunidad de pernoctar en este santuario, mitad casa, mitad cielo, propiedad de un buen amigo, un personaje noble e intemporal y de personalidad descatalogada, un tipo con toques de genialidad barroca en pleno siglo XXI, un visionario dotado de una personalidad singular en fondo y forma poco usual en estos tiempos en que siendo todo previsible ya nada es deducible.
Ante un huésped, atesora ese “savoir faire” de mezcla imposible, que sabe conjugar el charme de un aristócrata de orígenes indús y el tesón laboral de un sencillo masovero catalán, y que regenta con ilusión psicopática una propiedad de la que al volver a la ciudad, uno sólo se pregunta si existió en realidad.
Palabra de galeno